Antes que nada, decir que esta publicación se ha hecho esperar de forma involuntaria. Ando muy ocupado, encontrar un hueco no es fácil. De alguna, forma la publicación no me obedece al 100% porque una gran amiga y compañera me hizo prometer que lo haría. Coqueteé con rescatar algo del pasado, y al final me he decidido por algo nuevo. Una poesía que empecé no hace mucho y que dejé sin terminar, pero hoy mismo le he puesto rúbrica. A Bea Magaña le tengo que dar las gracias por el empujoncito. No sé si esta vez te servirá como inspiración o no, sólo espero haber cumplido la promesa y que te guste. Es la primera que publico con dedicación, así que tendrás la desgracia o la suerte, ¡qué sé yo!. Y poco más puedo añadir. Aquí queda. Un saludo a todos.
Se embelesó con las estrellas mudas
Mientras la noche moría
Se quejó en silencio a la luna
Mientras sus lágrimas le herían.
No habrá dolor igual en el mundo,
No habrá día que se lleve su amarga noche
Ni manos amables que suelten sus nudos.
Se pasó una mano por la frente gélida
Y a sus oídos llegó su propio lamento mudo.
Quería cerrar para siempre su alma
Y tragarse la llave, llorar hacia dentro.
Su corazón tembloroso vio que la vida se acaba
Y que el tiempo pasa como el arco de un violín,
como el agua de un río que muere en el mar
que los momentos pasados no vuelven a por ti.
En su mente flotaban los sueños como si fueran veleros
Mientras se terminaba de perder en las entrañas de la noche
Y perlas de plata iban rodando por sus cabellos
Que caían con suavidad, dejadas libres desde las mismas nubes
Aquéllas que vinieron por el oeste a cubrir las mudas estrellas
Las que acechaban desde arriba como fantasmas,
Las que cegaron sus ojos, las que lo cubrían como una manta.
Se multiplicaron los puñales de hielo, se hicieron miles las saetas de azabache
El aliento escapaba, las palabras no existían, era ya el último instante
Era ya el último pensamiento que de su mente brotaba.
Obscuritas infinita. Silentium. Aeternitas.
Vor Eisenreich.
